Lo que me inspira

casa en paisaje

Comparto en este espacio todos esos lugares que consiguen convertir los martes en un día festivo. Sitios en los que combinar el espacio físico y el valor del territorio. Donde el tiempo se detiene y sólo con mirar alrededor lo justificas todo. Mis influencias, mis orígenes, mis refugios. Rincones donde poder secuestrar los momentos y transformarlos en poemas.

Cualquier biografía está marcada por la geografía personal en la que vamos dibujando el mapa de nuestras vidas. En donde establecemos nuestros propios accidentes, montañas, ríos, mares, islas, cabos, faros, playas, etc. en definitiva escenarios que evocan momentos, refugios, búsqueda interior, encuentro, compensación… que bautizamos con nuestras propias palabras y que nos ayudan a construir el discurso propio del sentido de la vida, de nuestra supervivencia.

Lugares que van más allá de cualquier circunstancia, aunque no se repitan, aunque sólo los visites una vez. Espacios con ojos, cara, labios, que buscamos para el reencuentro permanente, con ellos mismos, con lo que significan, con su memoria. Nos alimentan y nutren de tal manera que sólo el saber que existen representa la esperanza.

Yo me atrevo a señalar algunos de una lista interminable sin fecha de caducidad, que invitan al contagio, tanto para compartir como para vivir a solas. Creo que en casi todos hay un denominador común, el agua, el elemento que rompe los horizontes en el mar y abre sendas como arterias en el paisaje.

A mi me gusta enfrentarme a ellos en silencio, primero los detengo y los miro y después los huelo, saboreo y si puedo los pinto con palabras para no borrarlos jamás. Es como una necesidad interior que sacio cuando puedo reflejarlo en un poema, en el espejo de mi alma.

Un ejemplo claro lo representa para mi, un lugar que en si, sólo en pensar en él se convierte en una fuente de inspiración y al que recurro con asiduidad, para abrazarme al silencio, recorriendo sus senderos y rutas. Me refiero a Taramundi, un pueblo asturiano en la frontera con Galicia, en concreto con el Concello lucense de A Pontenova, al que le he dedicado un poema con su nombre en mi primer libro “Segunda Piel”.

 

TARAMUNDI

 

Un manto de seda verde me despertó,

extendido como una lengua de tierra,

tropezó en mi ventana

para señalar el rumbo de la mañana.

 

Empujó el sol con tanta fuerza

que las nubes de niebla se despejaron

como pompas de jabón,

para trasladar mensaje de amor,

de cielo en cielo.

 

Y en la galería,

presidiendo el paisaje

un hombre recorría surcos de recuerdos,

entre vaguadas,

leyendo el futuro

en las raíces de los árboles,

como manos.

 

El horizonte le obligaba a tropezar

con el sentido de la vida,

representado en la recuperación de un amor

que ya había perfilado

ante los mismos testigos.

 

Quería abrir sus entrañas

para ser juzgado por la naturaleza,

siendo capaz de juntar cielo y tierra,

en un mismo escenario

como prueba de que todo es posible.

 

Un sol celoso

interrumpió el momento,

atravesando los cristales con una luz

que convirtió en espejo

todas las miradas

y al enfrentarme a ellas

comprobé que era yo.

 

El despertar en La Rectoral y divisar desde la galería de la habitación los tejados negros de pizarra, en donde la torre del campanario de la iglesia emerge como un faro entre valle y montaña, invita por si sólo a descender hacia el río y acompañar su senda hacia el poblado de As Veigas, en cuya Taberna te puedes reconfortar con un buen tente en pié acompañado de una conversación única con cualquier paisano, al que la lujuria de la paz que lo acompaña, le permite compartir historias con cualquier visitante.

mi-rincon-de-inspiracion-en-taramundi

 

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