GASTROAMISTAD EN DONOSTIA

Bajo la bandera de la amistad como motor de arrastre, como siembra en campo fértil. La alegría y la felicidad creciendo derechas como hierba buena, con el riego de la confraternidad sin intereses, sólo con el deseo de compartir, de dentro a fuera y de fuera a dentro, Experiencias comunes que se convierten en los mejores episodios de cada biografía, que se graban a fuego en nuestro álbum hasta convertirlo en la mejor herencia. Con ese espíritu me desperté en la madrugada del sábado, rompiendo las leyes del descanso, para iniciar con un gran amigo el recorrido en coche desde Galicia, para ejercer la Gastroamistad en Donostiahttps://www.sansebastianturismo.com/es destino dorado, regado por la cita de la sidra en los primeros meses de cada año, dispuestos a vivir un fin de semana inolvidable.

Un anfitrión de lujo,, Oskar, un experto en Sidra y Txuletón

Llegamos a la capital de Guipúzcoa con el tiempo suficiente como para dar un paseo hacia la Playa de Ondarreta, asomarnos al Peine del Viento de Eduardo Chillida, peinedelviento.info/ , respirar el olor del mar en su mejor expresión y recrearnos en la belleza natural de la Bahía de la Concha. Fue sin duda la mejor provocación para abrir el apetito y pellizcarlo con un pequeño aperitivo, mientras la ya kuadrilla de amigos se iba cohexionando.

No hubo tiempo para mucho más porque llegar a la Sidrería temprano tenía su valor estratégico, aunque de Donostia a Astigarraga  https://www.sidrerias.ws/gipuzkoa/astigarraga hubiese poco trayecto. Casi estrenamos la sesión de mediodía de la Sidrería Bereziartua, lo que nos permitió curiosear de la mano de un anfitrión único, Oskar, paseando por las entrañas de la bodega, en donde  voluminosas cubas de Sidra se convertían en un desfiladero de asombro al conocer las grandes cantidades de liquido que almacenaban y que se ponía a disposición de la gente para beber y disfrutar sin límites.

Grandes cubas, lo que no se bebe en la Sidrería de Astigarraga, cerca de Donostia, se embotella después

BEBER Y COMER CON FUNDAMENTO

Si la bebida y el respeto a la tradición fue el motivo, la comida fue el fundamento. El ritual muy sencillo: de la mesa a las cubas y con menú cerrado. Las mesas corridas para compartir y facilitar el levantarse y sentarse con comodidad. Empezamos probando la sidra, nos acercábamos a la cuba, se abría el tonel con un palillo, respetando la vieja tradición y ponías el vaso de cristal para que batiese el chorro con fuerza, antes de llevarlo a la boca y de que pasase el siguiente, en un acompasado y respetuoso ritmo de guardar fila.

Tras el trago fresco la cita en la mesa con el primer plato, la Tortilla de bacalao, jugosa y exquisita, en forma y en paladar. Barra de pan troceada a mano y apta para empujar. Fue un visto  y no visto, y de nuevo a levantarnos de la mesa para acudir al santuario de las barricas, comprobando como la estancia se iba llenando de gente, de peñas  y de corrillos que calentaban sus voces a medida que el liquido iba provocando sus efectos.

Tortilla de bacalao muy jugosa

Después del intervalo probando la sidra que fluía del manantial de diferentes cubas pasamos al segundo plato, un Bacalao frito con pimientos y ajos buenísimo, se deshacía en el paladar después de resbalar desde el encuentro con el bocado. Vuelta al trago fresco de sidra, para repetir visita a Oskar y comprobar el punto de la  Txuleta de vaca vieja antes de pasarla a servir. Tuve la oportunidad de darle la vuelta a la carne en la misma parrilla y comprobar el proceso de penetración del calor, hasta el resultado final de la txuleta, tostada por fuera y casi cruda por dentro, pero tierna como la nata a la hora de masticarla, con un perfecto equilibrio de sal. Había que seguir celebrando ese momento de magníficas sensaciones regándolo con más sidra.

Espectacular bacalao cubierto de pimientos y ajos

Terminamos el ritual del menú siguiendo la tradición con el postre típico de Queso Idiazabal con nueces. Productos de la tierra llenos de identidad que nacen de la pureza de su elaboración y de la fertilidad de una región única. Pero el mejor aditamento el calor humano y la complicidad de la gente que hacían del viaje hacia las grandes cubas toda una procesión fraternal.

Txuleta de vaca vieja en punto perfecto

UN ABRAZO CON LA MIRADA

Bajamos de nuevo a San Sebastián aprovechando la tentación de una tarde soleada y primaveral, para disfrutar de la terraza de uno de los locales más emblemáticos de la ciudad, el Museo del Whiskywww.museodelwhisky.com/, en la Alameda del Bulevar. Historia viva de las mejores copas, toda  una biblioteca de destilados. Unos optaron por un malta y otros por un café irlandés ahumado, preparado con gran cariño por los especialistas del local. Sin duda es una parada obligada en el corazón de Donostia.

Visita imprescindible en Donostia: el Museo del Whisky, una biblioteca de licores y de gran café.

Después de recuperar fuerzas nos entregamos a los placeres visuales de una ciudad nacida para admirar y quisimos contemplar su belleza desde distintos ángulos, como balcones naturales. Recorrimos el entorno del Reina Victoria y del Kursal, con el Rio Urumea en el medio y comunicados por el Puente de Zurriola que da acceso al barrio de moda, Gros.

Cogimos el coche para situarnos en uno de los miradores privilegiados de la ciudad para abrazarla con la mirada, el Palacio de Miramar y su emplazamiento privilegiado para contemplar la Bahía de la Concha, la Isla de Santa Clara. El Monte Urgull a la derecha y a la izquierda el Igueldo.

Vista del Puerto Pesquero de Donostia,

Nos dirigimos por el Paseo Nuevo hacia la base del Monte Urgull, aparcamos al lado de la plaza de Jacques Cousteau y nos apoyamos en el mirador para dejar caer la tarde, divisar el reflejo de las luces sobre el mar de la bahía, mientras el sol se metía detrás de la Isla de Santa Clara y el Igueldo.

Mientras los sueños de la mirada se desvanecían las luces y el bullicio nos orientaron a dirigir la vista hacia el Puerto y la Parte Vieja, en una visión llena de contrastes, como si de repente estuviésemos en un pequeño puerto de pescadores. Estaba claro que era la llamada de los pintxos porque la tarde sin querer se había convertido en noche para mezclarse entre la gente.

MAR DE PINTXOS EN ARCHIPIÉLAGO DE LOCALES

La gente vive en la calle en Donostia  y si el tiempo acompaña, el humano es el mejor paisaje. Una lengua de personas se expande por las calles y se mete en las tabernas y bares de pintxos como puertos refugio, para convivir y compartir hasta completar la cena.

Eso fue lo que hicimos nuestra kuadrilla. Cruzamos el B0ulevard, pasamos por la calle Fermin Calbetón y primera parada en el Bartolo, después por la calle Mayor hacia la 31 de Agosto, una arteria de locales de renombre, Bar Martínez, y de ahí a otra parada en La Cuchara de San Telmo, enfrente del Museo del mismo nombre, para dirigirnos después hacia la Plaza de la Constitución y esquina con la Calle Pescadería, para probar el famoso champiñón del Tamboril. 

Todo un mar de pintxos  repartido en un archipiélago de locales emblemáticos en donde la síntesis de la gastronomía alcanza niveles de culto al producto y a la elaboración, tradicional y creativa.

Después de una gran comida la mejor opción es un circuito por los pintxos en la Parte Vieja de Donostia

Un último callejeo de despedida antes de que las nubes borrasen la presencia de las estrella y directamente al hotel, para descansar un día pleno, de Gastroamistad y descubrimiento con un denominador común, la posibilidad de abrazar la belleza incomparable de una mujer con nombre de ciudad Donostia.

UN COCIDO PARA ENTRAR EN GALICIA

El regreso en coche, al día siguiente, hacia Galicia estuvo acompañado de viento y lluvia, en un pronóstico metereológico que anunciaba ciclogenesis. Programamos el viaje para poder comer en el camino y la buena marcha nos situó en Orense sobre el mediodía por lo que caímos en la tentación de combatir el mal clima con un Cocido.

Que mejor reencuentro con la tierra. Y tuvimos la suerte de que Charo nos hizo un hueco en su comedor del Hotel Rural San Jaimewww.hotelruralsanjaime.com/es-es cerca de la capital, en Pereiro de Aguiar, en donde hacia un año una cacheira maravillosa dejó en mi álbum un recuerdo imborrable.

Comedor del acogedor Hotel Rural San Jaime, escenario de la cocina de Charo

Repetimos el guión y no nos arrepentimos de nada. Un mano a mano para los chorizos, normal y ceboleiro, este con castañas, repollo, patatas, garbanzos, lacón y la reina, la cacheira con todas sus partes, morro, careta, oreja. Un contraste de sabores único. todo regado con un maravilloso mencía tinto, Algueira. Para poner el punto final con dos postres caseros, lecha frita y flan, espectaculares. Que mejor piropo para una cocina y para la cocinera que de un año a otro hayamos podido repetir las fabulosas mismas sensaciones de un cocido espectacular. Viva la regularidad!

No se podía haber puesto un broche mejor, y así poder intercambiar imágenes de despedida gastronómica con nuestros amigos en Donostia a través del teléfono, para retarles a un fin de semana de vuelta en Galicia. El cocido fue la provocación.

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